sábado, 27 de noviembre de 2010

UN MES SIN NESTOR


No hubo punto del país donde no se haya hecho, por pequeño que haya sido, un homenaje a Néstor Kirchner al cumplirse un mes de su inesperada muerte. No puede hablarse de casualidades o meras coincidencias, sino de verdaderas causalidades. Su propia impronta personal como dirigente político, desplegada a lo largo de su vida pero con mayor fuerza en su periodo presidencial y luego como compañeor político de Cristina, lo ubica como el  mas influyente y provocador de los últimos 50 años.

Influyente no solamente por la estela que dejo tras de sí luego de su gestión presidencial. Después de muerto, Kirchner aun continua marcando líneas y caminos, a parir de su legado como dirigente. Provocador porque para el sistema corporativo, fue el único que pateo el tablero con una inteligencia y un sentido del tiempo que descoloco no solo a sus adversarios. También mucha tropa propia quedo azorada mirando cómo ese hombre venido del sur remoto, era capaz de quitar los pies del plato. Sus acciones tuvieron el efecto que provocan las decisiones trascendentes: no se veía la importancia histórica en el mismo momento en que fueron adoptadas. Era necesario un sedimento posterior para poder incorporarlas y comprenderlas en toda su magnitud. La inteligencia aplicada en el análisis previo a la toma de decisiones derivaba siempre en acciones posteriores que venían a complementar las anteriores. Y así se fue tejiendo una cadena de acciones que tenía un rumbo claro y concreto: la reconstrucción del país. No a pasos agigantados sino mediante los pasos necesarios en los momentos justos.

Si se traza un análisis comparativo con gestiones inmediatamente anteriores (inevitable por otra parte) se puede observar claramente la magnitud de su aporte. Pero no una comparación mezquina basada en los errores de sus antecesores, sino en la claridad de sus aciertos. Basta con ver a la distancia cuatro o cinco líneas de acción que aun hoy siguen generando efectos y polémicas. Una de ellas es su férrea política de integración continental sin que ello significara por cierto construir una pared con el resto del mundo. Néstor fue un apasionado concreto y consciente de la reconstrucción de la mirada hacia nosotros mismos como región. Un convencido de que era necesario y urgente recuperar la acción comprometedora con la historia para esa reconstrucción. El último día de su mandato, el 9 de diciembre de 2007, el Salon Blanco de la Casa de Gobierno entrego una postal de altísimo contenido político que ponía claramente en evidencia ese empecinamiento latinoamericanista. Ese día, en la víspera de la asunción de Cristina como presidenta, los presidentes de toda América del Sur estaban allí celebrando una unidad continental que hasta entonces había sido declamada innumerables veces pero jamás llevada a la práctica. Nunca antes, como aquel día, se respiro en ese circunspecto ámbito de la Casa Rosada, un clima tan profundamente latinoamericanista e integrador.

Un par de años antes su gira por la China, permitió abrir las puertas a una integración con los mercados asiáticos que hoy está claramente rindiendo los frutos esperados. Aquella visita cosechó solamente críticas y desplantes de los grandes medios. Nadie supo mirar aquel acto de gobierno como un acto de profunda estrategia de mediano y largo plazo. Acostumbrados como estaban al cortoplacismo muchos pensaban que si no había resultados a la vuelta de la esquina de nada servía semejante viaje.

¿Porqué destacar específicamente este costado de su gestión como presidente, sabia y férreamente continuada por Cristina desde el 10 de diciembre de 2007? Para entender con un poco más de profundidad el impacto que muerte provoco en los escenarios internacionales, esos en los que los voceros de la impotencia y la ignorancia política nos dicen que no figuramos, que estamos aislados o que se nos cagan de risa. En las Naciones Unidas, ocurrió hace menos de una semana un episodio infrecuente y de excepción. El pleno de sus integrantes realizó un homenaje a Néstor Kirchner en el que se destacaron sus dotes de componedor, como promotor de la paz, su habilidad política para la negociación y como gestor de la recuperación social y económica de la Argentina. La ONU nuclea a casi 200 países y sin embargo se resolvió como excepción por su importancia, realizar un homenaje conjunto a la figura del ex presidente argentino. Nadie planteó cuestiones de privilegio ni de celos. Sabían todos que no es habitual que el organismo homenajee a presidentes fallecidos, pero también sabían que en este caso era absolutamente merecido. Hubo unanimidad en todos para concretarlo.

Su designación por aclamación al frente de la secretaria general de la Unasur, en mayo último fue otro bastión que refrendó su condición de dirigente político y estratega de la unidad continental. Un papel fundamental jugó Brasil para consolidar su designación. Justamente el país que suelen ponernos como ejemplo, fue el principal respaldo de su candidatura.

Antes, con paciencia y persistencia, Néstor fue abriendo los caminos para la incorporación de la Argentina como integrante de organismos tales como el G-20 y generando los contactos abandonados durante los últimos 10 o 15 años para recomponer los vínculos como el G-77, el viejo Grupo de los No Alineados que terminó hace pocos meses con la designación de la Argentina como presidente del grupo para el próximo periodo.

A los pocos días de su muerte, Cristina recibió una carta de condolencias de parte de Barack Obama, en la que destacó con claridad las condiciones políticas de Néstor y el aporte realizado en todos estos años por la conciliación y la paz en un continente como el nuestro y particularmente por sus gestiones entre Colombia y Venezuela para restablecer sus relaciones bilaterales. Ese resultado resonante fue celebrado ayer por todos los presidentes de la Unasur reunidos en Georgetown y coronado por un nuevo abrazo entre los presidentes de Venezuela y Colombia.

No habrá olvido ni desidia en los años por venir para Néstor Kirchner. Ha dejado tras de sí demasiada tela para cortar pero sobre todo, hechos políticos de una envergadura tal que no podrán ser revisados o modificados. Los grandes hombres son los que saben generar las condiciones para que sus actos no pasen inadvertidos ni queden al poco tiempo en el arcón de los recuerdos viejos o amarillentos. Son los que adoptan las medidas que permitirán provocar cambios de fondo, comprometidas no solo con sus ideales sino y sobre todo con el bienestar del país al que representan. Néstor fue una de esos hombres. Necesarios y presentes aún después de su muerte, de la que hoy se cumple un mes.

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