lunes, 8 de noviembre de 2010

OTRA VEZ LA MISMA HISTORIA


Cumbre anual de la SIP (Sociedad Interamericana de Prensa) en México. La información es reproducida aquí por los diarios Clarin y la Nación. Los dos elijen ponerla entre sus títulos de tapa, aunque Clarin lo ubica como principal (tres líneas a 4 columnas) mientras que La Nación la relega al ángulo inferior izquierdo, en un recuadro. Más allá del espacio dedicado, lo que importa es el contenido de la información.

Cuando leemos la crónica vemos que ambos diarios repiten el comunicado final de la asamblea de la entidad, en la que se hace una severa condena a la libertad  de prensa en la Argentina. Y como en ocasiones anteriores, las críticas giran en torno de generalidades y conceptos subjetivos que de ninguna manera pueden ser tomados como ataques a la prensa o cercenamientos a la libertad de expresión. 

Hacen hincapié en tres cuestiones puntuales, que son asumidas por ambos diarios como “ataques a la libertad de expresión”, “presiones para el libre ejercicio de la prensa”, “actitudes revanchistas de un gobierno que eligió a la prensa como su enemigo”. Obviamente, esas cuestiones puntuales son la investigación que está en manos de la justicia por las irregularidades en el traspaso accionario de Papel Prensa a Clarín y La Nación durante la dictadura militar,  la causa judicial por la presunta apropiación de los hijos adoptivos de Ernestina de Noble durante la misma época y la puesta en vigencia de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual o comúnmente denominada Ley de Medios.

Fuera de esos hechos, el comunicado no revela en ninguno de sus párrafos episodios concretos de censura, persecución, limitación, cierre de medios de comunicación o agresiones físicas a periodistas o empresarios del sector (por mencionar  solo algunos) que puedan revelar, entonces sí, un panorama desalentador y peligrosos de la libertad de expresión en la Argentina.  Entonces, ¿qué es lo que preocupa tanto a la corporación mediática?

Está clarísimo que el avance en la investigación judicial de dos hechos de profunda gravedad como los casos de Papel Prensa y los hijos adoptivos de la Noble son elementos que inquietan y molestan profundamente a los empresarios dueños de los dos diarios más grandes de la Argentina. Y por supuesto, la aplicación de la ley de SCA, que apunta a terminar de una buena vez con la concentración monopólica y la uniformidad discursiva. En consecuencia, elevan estos episodios a la categoría de presiones, agresiones y amenazas al ejercicio de la libertad de expresión.  Dos causas judiciales que deben ser resueltas por los jueces y la aplicación de un legítimo acto de gobierno son caracterizados como maniobras cuasi delictivas. Y esta lectura es tomada como una verdad absoluta por la SIP pretendiendo así darle un carácter más “institucional” o trascendente. Nada, en definitiva, que deba sorprendernos tratándose de ese organismo que ha hecho del silencio frente a verdaderos ataques a la libertad de expresión como asesinatos de periodistas o cierre compulsivo de medios en Honduras o México un verdadero culto. 

No hace falta aclarar que cualquier lector más o menos avezado, oyente de radio o televidente puede comprobar  que libertad de expresión es lo que sobra hoy día en la Argentina, sobre todo para mentir, tergiversar, ocultar o deformar la información. Y esta crónica de la cumbre de la SIP en México que publican La Nación y Clarín, es un claro ejemplo de ello.

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Marcelo Bartolomé