lunes, 21 de abril de 2008

FERNANDO LUGO Y LA POSIBILIDAD DE UN PARAGUAY DIFERENTE

Paraguay vive por estas horas su momento más feliz y esperanzador en muchísimo tiempo. El ex obispo Fernando Lugo acaba de ser consagrado como presidente electo de su país con poco más del 40 por ciento de los votos. Este hombre carismático, tranquilo, seguro de sí, convencido de sus posibilidades como de sus limitaciones (que no son tantas), que le puso y le sigue poniendo el oído y el cuerpo a los pobres y excluidos del Paraguay que son mayoría, se ha convertido en el protagonista de una de las páginas más importantes de la historia contemporánea de su país.
Respaldad por una coalición integrada por una decena de partidos, rompió de manera pacífica y absolutamente legítima más de 60 años de hegemonía colorada. La gente del Paraguay dijo basta por primera vez. Y lo hizo con fuerza y coraje. Tal como es su característica natural.
Ese hastío, esa necesidad de decirle basta al clientelismo, la corrupción institucionalizada, la falta de oportunidades, se podía sentir en las calles de Asunción este fin de semana.
Estuve en la capital paraguaya acompañando a las Madres de Plaza de Mayo, invitadas por Lugo para participar como observadoras del proceso electoral. Y pude conversar con gente de diversos sectores, en charlas informales, sobre la realidad política del Paraguay. Más allá de los matices, los detalles, las intensidades de las charlas, pude percibir esa sensación. Pero al mismo tiempo todos manifestaron tener, por primera vez en muchos años, confianza y esperanza en un candidato, obviamente Fernando Lugo. Desde representantes de clases acomodadas, tanto como de los sectores más desposeídos recibí el mismo mensaje. En un país en el que sus gobernantes acostumbraron a sus habitantes a la desidia, el abandono, la desesperanza, esa sensación me pareció auspiciosa.
América Latina vive un proceso de cambio irreversible e inexorable. Aún queda mucho camino por recorrer. Colombia se resiste a corregir el rumbo para atender los reclamos de su sociedad. Perú tiene temor profundo de poner su proa hacia el Sur y entonces sigue mirando al Norte. Y Chile se debate en una ambivalencia preocupante. Pero aún así, la perspectiva es alentadora. Bienvenido Paraguay a esta ola renovadora que de a poco va recorriendo la extensa geografía latinoamericana. No se trata de extender cheques en blanco. Se trata de brindar solidez y confianza a este proceso de cambio del que, a partir de agosto próximo, también formara parte Paraguay. Una buena noticia, sin lugar a dudas.
Hasta el próximo post.