El salvataje lanzado por el FMI y la Unión Europea para salvar al sistema financiero de Grecia, ya está haciendo agua por los cuatro costados. Son casi 700 mil millones de euros destinados a evitar que sigan colapsando los mecanismos especulativos que, en definitiva, son los que han llevado a Grecia a la situación en la que se encuentra. El propio FMI admitió hoy muy temprano que es posible que ese programa de salvataje termine en un nuevo fracaso.
España acaba de anunciar un drástico plan de ajuste que, y esto no debiera sorprender a nadie, incluye recortes en los salarios y beneficios sociales, que pone al país al borde del mismo abismo en el que se encuentra Grecia. La diferencia es que la magnitud de la economía española es superior a la griega y, en consecuencia, el impacto externo que su crisis genere será muchísimo mayor. Son 60 millones de habitantes contra 10 millones de griegos, un PBI per cápita muy superior, una economía poseedora de numerosos recursos que le permiten cierto grado de autonomía en materia de abastecimiento que Grecia no tiene y una proyección en el plano continental de mayor profundidad. Sus coletazos entonces deberán ser forzosamente mayores que los de Grecia.
Y Portugal mira de reojo, sabiendo que no tiene demasiadas chances de quedar afuera de los ajustes. De hecho el gobierno socialista portugés se debate por estas horas en la elaboración de medidas que contengan el avance de la crisis, pero en el convencimiento de que no podrán ser muy diferentes a las que han adoptado los otros dos países. Cómo hará ese gobierno un poquito más socialdemócrata (no demsiado, que quede claro)que los de España y Grecia para enfrentar la crisis y no quedar envuelto en la misma esfera neoliberal que sacude a sus vecinos, es un dilema de difícil resolución.
Este panorama demuestra que la tan mentada fortaleza de la Unión Europea es simplemente otra brubuja inventada por las corporaciones y los factores intervinientes en los negocios especulativos del sistema financiero europeo. Un grupo dominado solo por las economías más fuertes que imponen inopinadamente sus condiciones al resto, sin importar la magnitud de sus recursos económicos. En ninguna cabeza racional cabe que Grecia, Portugal, algunos países de la ex órbita soviética y hasta Portugal, queden sujetos a las mismas reglas de juego que sí pueden cumplir Alemania, Francia o Italia por poner solo dos ejemplos. La debilidad de la unión, entonces, es inocultable, y la actual crisis la pone claramente de manifiesto.
El euro, que se proponía como la próxima moneda fuerte del mercado internacional, entró en una espiral de caída que solo permite una revalorización del dólar y dejar al descubierto la falta de sustentabilidad monetaria, toda vez que el Banco Central Europeo, creado para su sostenimiento, no cuenta con las herramientas adecuadas ni la voluntad política para cumplir con su objetivo. El fantasma de la salida del euro por parte de algunos países de la unión para devaluar y procurar un posterior apreciación de sus monedas locales sobrevuela por estas horas en los despachos de sus principales funcionarios.
Resulta incomprensible e indignante que mientras este escenario se muestra sin pudor a través de los medios, sus principales columnistas y editorialistas sigan insistiendo en salidas y mecanismos que estan demostrando sus fracasos. Y digo están porque utilizar el tiempo pasado resulta insostenible en tanto el presente nos muestra de qué manera resultan inviables. El ejemplo más tajante es que mientras miran lo que ocurre como si se tratara de una película de ciencia ficción, informan que hasta el propio FMI no cree en sus recetas.
En el plano local, seguimos escuchando y leyendo a los gurúes del fracaso aconsejar en el mismo sentido. Volver al FMI, mejorar el canje de deuda, enfriar la economía, subir tasas de interés, recortar gastos, como si la Argentina estuviera envuelta en una debacle de similars características. El mejor ejemplo es un artículo que firma Manuel Solanet publicado hoy por El Cronista en el que insiste con estas recetas. (Para leer el artículo click ACA
Los medios argentinos, en su mayoría en manos de los representantes de estos sectores concentrados y afines a los postulados neoliberales y del famoso "consenso de washington", día tras día nos plantean un panorama de desastre con la intención de generar la sensación de que la Argentina está al borde de la caída. La casi totalidad del rejunte opositor se suma a ese coro y cada día que pasa deja más al descubierto que el modelo de país al que aspiran terminó en el 2001 con pobreza, miseria y muertos por doquier. Ambos grupos forman una suerte de "task force" empecinada en desgastar de manera desesperada a un gobierno que día tras día demuestra que el camino es otro. Y lo demuestra con hechos concretos y palpables, no con anuncios o promesas.
Ya no hay que hablar de embestida destituyente, como tan bien la definiera en 2008 el querido y recordado Nicolás Casullo. Lo que impulsan estos sectores es un claro intento de golpe paulatino que desemboque en una crisis artificlamente generada para volver al país injusto, excluyente, desigual, desequilibrado.
No Nicolás, ya no son destituyentes. Son lisa y llanamente, golpistas. Lástima que no estes aquí para ayurdarnos con tu sabiduría a descular con habilidad sus puntos débiles y atacarlos con inteligencia.
Marcelo Bartolomé
Bienvenidos. Este es simplemente un espacio para la reflexión y la exposición de opiniones sobre lo que nos ocurre en el país y en el mundo. Y aquí estamos de vuelta, después de tanto tiempo en silencio.Hay demasiadas cosas para decir mientras muchos otros callan. Trataremos de ventilarlas.
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viernes, 14 de mayo de 2010
martes, 13 de enero de 2009
¿INFLACION? ¿QUE INFLACION?
Hoy el INDEC dará a conocer el índice de precios al consumidor del mes de diciembre de 2008 y el acumulado para todo ese año. Los voceros del establishment económico están alterados, como desde hace más de dos años, por lo que denominan "dibujo" de la estadística. Dicen que la "inflación real" es tres veces mayor a la oficial. Se estima que el cálculo del INDEDC dará entre un 7,5 y un 8 por ciento para todo el 2008 contra un 18 por ciento promedio de las consultoras privadas.
Hoy, los diarios especializados Ambito Financiero y El Cronista publican una información más que interesante y que seguramente servirá para dar argumentos a los personeros de los intereses meconómicos extranjeros. Estos diarios sostienen que la inflación calculada por el INDEC desde 2006 hasta fin del 2008, les hizo peder a los inversores en bonos de la deuda argentina entre 20 mil y 40 mil millones de pesos. Ocurre que esos bonos estan indexados por el índice de precios al consumidor y cuanto más bajo sea ese cálculo, menor es el interés que se les paga. Este dato, que no es menor, es el que verdaderamente preocupa a los analistas y columnistas de los grandes medios que se quejan permanentemente de lo que denominan "dibujo inflacionario".
Supongamos que, efectivamente, la inflación real del año 2008 haya sido del 20 por ciento, por poner cifras redondas. Supongamos que un porcentaje algo menor, pero siempre dos dígitos, se haya registrado en los años 2006 y 2007. En estos casos, estaríamos hablando de índices inflacionarios anuales similares a los que registró la Argentina en sus períodos de mayor crecimiento y expansión económica. Aún con las dificultades que experimentó la economía local en el último año, no se han registrado complicaciones ni corridas ni fuga de depósitos ni mayor desconfianza en el sistema financiero que la que hubo en épocas anteriores.
En definitiva, si el "dibujo" de la inflación, finalmente sirvió para retacearles a los especuladores financieros internacionales una parte importante de sus rentas, obtenidas como es costumbre a expensas del sacrifico ajeno, bienvenido el dibujo. Esta es, en realidad, la preocupación de quienes vociferan de manera exagerada por el índice de inflación. Porque las variables de la economía de un país no funcionan de acuerdo a lo que se escribe en un papel sino que lo hace sobre la base de los datos reales. Y si los datos reales, finalmente confirman que la inflación real es 3 veces superior a la del INDEC, habrá que admitir, mal que les pese a los especuladores de siempre e incluso a quienes repiten como loros las críticas que se le formulan a ese sistema de medición, que la economía argentina sigue funcionando sin mayores sobresaltos, aún en medio de la crisis internacional que deriva del desgaste del modelo de acumulación capitalista.
No nos dejemos engañar por las críticas de quienes no abrieron la boca cuando promovieron por acción y omisión la infernal fuga de capitales que derivó en la peor crisis de la historia reciente de la Argentina. A esos tipos solo les interesa lo que les deja de entrar a sus bolsillos y no el funcionamiento de un sistema económico que, aun con sus fallas y deudas incumplidas, permitió la recuperación económica de un país en un período insualmente corto. No les preocupa que el INDEC dibuje el cálculo de la inflación. Les jode que ese dibujo les impida ganar lo que pretenden a costa de promover el caos y y la debacle. Ellos viven de eso. Si, como dice el viejo dicho "el que le roba a un ladrón tiene 100 años de perdón", dibujar un índice para evitar que se lleven miles de millones de pesos sin hacer nada no es delito ni pecado. A esta altura, hasta se podría mirar como un verdadero acto de justicia.
Hoy, los diarios especializados Ambito Financiero y El Cronista publican una información más que interesante y que seguramente servirá para dar argumentos a los personeros de los intereses meconómicos extranjeros. Estos diarios sostienen que la inflación calculada por el INDEC desde 2006 hasta fin del 2008, les hizo peder a los inversores en bonos de la deuda argentina entre 20 mil y 40 mil millones de pesos. Ocurre que esos bonos estan indexados por el índice de precios al consumidor y cuanto más bajo sea ese cálculo, menor es el interés que se les paga. Este dato, que no es menor, es el que verdaderamente preocupa a los analistas y columnistas de los grandes medios que se quejan permanentemente de lo que denominan "dibujo inflacionario".
Supongamos que, efectivamente, la inflación real del año 2008 haya sido del 20 por ciento, por poner cifras redondas. Supongamos que un porcentaje algo menor, pero siempre dos dígitos, se haya registrado en los años 2006 y 2007. En estos casos, estaríamos hablando de índices inflacionarios anuales similares a los que registró la Argentina en sus períodos de mayor crecimiento y expansión económica. Aún con las dificultades que experimentó la economía local en el último año, no se han registrado complicaciones ni corridas ni fuga de depósitos ni mayor desconfianza en el sistema financiero que la que hubo en épocas anteriores.
En definitiva, si el "dibujo" de la inflación, finalmente sirvió para retacearles a los especuladores financieros internacionales una parte importante de sus rentas, obtenidas como es costumbre a expensas del sacrifico ajeno, bienvenido el dibujo. Esta es, en realidad, la preocupación de quienes vociferan de manera exagerada por el índice de inflación. Porque las variables de la economía de un país no funcionan de acuerdo a lo que se escribe en un papel sino que lo hace sobre la base de los datos reales. Y si los datos reales, finalmente confirman que la inflación real es 3 veces superior a la del INDEC, habrá que admitir, mal que les pese a los especuladores de siempre e incluso a quienes repiten como loros las críticas que se le formulan a ese sistema de medición, que la economía argentina sigue funcionando sin mayores sobresaltos, aún en medio de la crisis internacional que deriva del desgaste del modelo de acumulación capitalista.
No nos dejemos engañar por las críticas de quienes no abrieron la boca cuando promovieron por acción y omisión la infernal fuga de capitales que derivó en la peor crisis de la historia reciente de la Argentina. A esos tipos solo les interesa lo que les deja de entrar a sus bolsillos y no el funcionamiento de un sistema económico que, aun con sus fallas y deudas incumplidas, permitió la recuperación económica de un país en un período insualmente corto. No les preocupa que el INDEC dibuje el cálculo de la inflación. Les jode que ese dibujo les impida ganar lo que pretenden a costa de promover el caos y y la debacle. Ellos viven de eso. Si, como dice el viejo dicho "el que le roba a un ladrón tiene 100 años de perdón", dibujar un índice para evitar que se lleven miles de millones de pesos sin hacer nada no es delito ni pecado. A esta altura, hasta se podría mirar como un verdadero acto de justicia.
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