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lunes, 29 de noviembre de 2010

WIKI LEAKS, CRISTINA Y EL PERIODISMO SIN RUMBO


Pocas minutos antes de que comenzara este lunes, publicaba un post en Medios y Noticias, aludiendo a las revelaciones del sitio Wiki Leaks sobre centenares de miles de documentos del Departamento de Estado y el Pentágono que hasta hace unas horas eran secretos y que ahora son leídos con atención hasta por el guardia de seguridad de una pizzería en Villa Lugano.  Y puntualmente hacía referencia a la manera en que el sitio on line de Perfil tituló la información: “El gobierno de EE.UU. pidió informes sobre la salud mental de Cristina”. Un dato entre los millones que contienen esos documentos. Uno más entre pedidos de informes sobre la mayoría de los líderes del mundo sobre quienes Estados Unidos dejó caer sospechas y condenas anticipadas mientras hacía gala de buenas y hasta excelentes relaciones con esos países.

Y me anticipaba tibiamente a lo que sentía iba a ser el tratamiento de los medios hegemónicos respecto de esta información. La portada de papel de la edición de hoy de La Nación confirmó las sospechas. El título central del diario tribunero de doctrina refiere, precisamente, al pedido de informes sobre Cristina Fernández. En páginas interiores, Carlos Pagni, cebado como una fiera, se abalanza sobre la figura de la presidenta retomando el cuento aquel que dice que sufre de un “trastorno bipolar” como para tratar de brindarle entidad al supuesto pedido de informes sobre su salud mental. Clarín, en cambio, eligió no poner la información en su portada pero sí reproducirla en sus páginas interiores, pero llamativamente no hace hincapié sobre Cristina. Menciona el episodio como uno más de los tantos que se han revelado. Esta tarde Perfil sigue alimentando su obsesión por el tema Cristina-Wiki Leaks y anticipa que mañana el diario español El País publicará el cable con el presunto pedido sobre la presidenta argentina. El resto de los diarios abordó la información dese su costado más espectacular, destacando la lista de nombres de líderes políticos en actividad o retirados que fueron objeto de las averiguaciones de los servicios de inteligencia estadounidenses. Salvo alguna excepción, casi ninguno trazó un análisis mucho más abarcativo respecto de la gravedad que supone este episodio. 

No debe ser sorpresivo para nadie enterarse de que Estados Unidos investiga y somete al más bajo espionaje a buena parte de quienes dirigen los destinos de la humanidad. Desde su creación, en 1947, la CIA ha llevado adelante operaciones de esa naturaleza que nunca le dieron los resultados buscados. La sucesión de fracasos en cadena que hubo de experimentar esa crucial oficina del gobierno norteamericano la ha dejado expuesta como una de las más ignorantes a la hora de intentar realizar un estudio serio acerca de la realidad mundial. Estados Unidos jamás pudo comprender la evolución política, social y económica del resto de los países si no era a través del cristal con el que mira su propia lógica interna. Más de medio siglo sin modificar sus puntos de vista no podían traer otra cosa más que derrotas en todos los planos, inclusive la militar, como en Viet Nam o Irak

Hoy, frente a las revelaciones de Wiki Leaks, todo el mundo apunta al mensajero. Medios locales e internacionales fustigan al portal por haber difundido esa información. Reproducen voces de mandatarios preocupados por las revelaciones y por cómo podrían afectarlos en las horas inmediatas.
Reflejan la indignación de la Casa Blanca por lo que, de manera solapada, consideran un ataque a los asuntos internos de una nación como Estados Unidos. Se convierten en sus voceros y defensores de sus intereses. Pero nadie sale a hacer un análisis serio y una condena severa al hecho que verdaderamente constituye un agravio para el sentido común y que es, precisamente, el espionaje y el seguimiento furtivo sobre el resto del mundo. Ese es el verdadero eje central de la noticia y en torno del cual ha girado la política exterior norteamericana en el último medio siglo. A nadie parece preocuparle semejante despropósito. Pero sí en cambio apuntan contra quien accedió a la información y la pone al descubierto para consolidar con pruebas irrefutables lo que durante décadas se sabía pero sobre lo que nadie aportaba una prueba material concreta. 

En el plano local, da pena ver el comportamiento de nuestros medios monopólicos y hegemónicos y sus pequeños satélites como Perfil. Echar mano de un dato que puede estar atado a una versión echada a correr por el semanario de Fontevecchia hace 5 años y que nunca tuvo anclaje en ninguna documentación elaborada con seriedad y solvencia profesional, evidencia el grado de impericia profesional y de debilidad política. No debe sorprender que la Casa Blanca haya tomado esa información interesada para desplegar la elaboración de un informe que no habrá tenido ningún resultado. Forma parte de la ignorancia de la que hablé más arriba. Indigna sí que algunos medios se monten sobre esa información para seguir profundizando los ataques al gobierno. Si para ello precisan de este tipo de operaciones, queda claro que se les están acabando los flancos y los argumentos para sus ataques. Han evidenciado un oportunismo mayúsculo para extraer de una de las noticias más trascendentes del año, un elemento que les permita golpear sobre la presidenta y su gobierno. Pero de análisis serio y profundo, que le permita a la opinión pública entender el alcance y la gravedad de la revelación, ni una palabra. Importa lo doméstico, lo chiquito, lo coyuntural. Y eso demuestra una vez más que, igual que sus mandados en el parlamento, han perdido el rumbo de manera irreversible.

Marcelo Bartolomé

viernes, 12 de noviembre de 2010

LOS NUMEROS DE LA MUERTE

La famosa “cantinela mediática” en torno de la inseguridad, ya es casi una moneda corriente en los medios de comunicación que hegemonizan la agenda diaria. Basta que aparezca un asalto, una salidera o lo que fuere para que se ceben como bestias hambrientas y le dediquen horas y horas en las pantallas y metros más que centímetros en los diarios. 

Esta mañana temprano, C5N puso al aire un breve informe acerca del costado del que menos se habla en relación con esa denominada “ola de inseguridad”. El presentador, atildado, brindaba cifras llamativas, interesantes, contundentes.  ¿Hablaba de muertos, heridos, cantidad de asaltos, golpes comando? No. Eran cifras más sólidas pero que también sorprendían.

En el último año aumentó un 35 por ciento el blindaje de automóviles, un 30 por ciento la instalación de alarmas y sistemas de seguridad sonoros y un 40 por ciento la demanda de cámaras de seguridad y vigilancia. 

¿Está claro no? No se trata de mostrar una genuina preocupación por esa inseguridad, sino de fomentar y potenciar un fabuloso negocio de algunos cuantos millones de dólares al año. Uno imagina que por cada muerto que se publica, las cifras se multiplican y engordan los bolsillos de unos pocos. Que lejos de preocuparse por esas muertes, celebran con champan por el incremento de las ventas.  Lo que se dice, un negociado con la muerte ajena. 

miércoles, 10 de noviembre de 2010

EMBESTIDAS RENOVADAS

Periodistas más avezados y con mayor experiencia que el autor de este blog lo habían anticipado con claridad, un día después de la muerte de Nestor Kirchner: “van a tardar no más de una semana en volver a la carga contra Cristina pero ahora van a ir por todo”.

Se referían, claro está, a los opositores-destructores y a la prensa hegemónica. Y no se confundieron ni por un milímetro. Luego de un aparente y mentiroso “recogimiento” en la semana posterior a la desaparición de Néstor Kirchner, han vuelto al escenario con una carga de odio y rencor pocas veces visto. Se acabó el duelo. Se acabó el comportamiento decoroso a medias y los silencios enigmáticos o hasta cargados de significado. Se han lanzado al ruedo como jauría desenfrenada con el objetivo más que claro: desgastar a Cristina Fernández y evitar una segunda postulación presidencial.

Si uno presta atención a los libelos que escriben las plumas más enjundiosas de la prensa opositora, advertirá que no hay intención de evitar que concluya su mandato, como sí se podía leer o avizorar aunque sea a medias hasta antes del fallecimiento del ex presidente. Ahora saben que hay que cambiar parte de la estrategia y entonces, escudándose en un falso humanismo condolido, opinan, reflexionan, consideran, estiman (por utilizar términos parecidos) que “lo mejor es que Cristina termine su mandato y se vuelva a su casa”. No se trata de echarla de Balcarce 50, sino de evitar que sea otra vez candidata a la presidencia porque saben que, entonces, el triunfo del Frente para la Victoria será no solo inexorable sino también abrumador.

Para el ejemplo bastan algunas muestras: artículos como los de Luis Majul hoy en La Nación, el de Alfredo Leuco el 5 de noviembre último en Perfil.com, el de Beatriz Sarlo del lunes pasado en La Nación son clarísimos en ese sentido. Sumémosle a ellos declaraciones como las de Chiche Duhalde hoy por la mañana (“ahora que se dedique a gobernar”), de Elisa Carrió asegurando que ve “un futuro mejor para la Argentina” o de Oscar Ahuad hace pocas horas diciendo que “vamos a seguir oponiéndonos a este gobierno” suman agua para ese molino cargado de ignominia.

Párrafo aparte para Carrió: en los 5 o 6 días posteriores a la muerte de Néstor Kirchner mantuvo un silencio que, aunque sorprendió, fue preferible antes que la catarata de hipocresía que desbordó a la masa opositora , vivando a quien horas antes había execrado. Pero cuando abrió la boca volvió a vomitar su veneno y su odio incontenibles. Aquella frase de “veo un futuro mejor para la Argentina” resume claramente su catadura moral. Con esas palabras expresó todo lo que sintió y vivió durante las horas inmediatamente posteriores al 27 de octubre último. Quien avizora futuros mejores tras la muerte de alguien, no puede menos que haber sentido satisfacción y hasta alegría por esa muerte. Y quien celebra o asimila un orgasmo con la muerte ajena no puede ser sino alguien que ha perdido toda capacidad de raciocinio.

En este escenario se mueve hoy día un sector de la dirigencia política argentina. Un revivir del gorilismo mas profundo y rancio se puede ver y escuchar de manera cotidiana. Pero aún así, con este panorama, la correlación de fuerzas no es ni les será favorable. Si el gorilaje del “viva el cáncer” terminó por consolidar a millones en su sentimiento de pertenencia peronista en los 50 y las dos décadas posteriores, a pesar de las muertes, persecuciones y amordazamientos, el actual corre el sano riesgo de consumirse a si mismo, por caer una vez más en su histórica incapacidad de comprensión de los fenómenos sociales.

Marcelo Bartolome

martes, 2 de noviembre de 2010

EL MEJOR ARGUMENTO

Después del miércoles 28, todo se vuelve más claro. Aunque algunos piensen lo contrario, todo se vuelve más claro. Basta nomás con leer el terrorífico obituario que publicó Rosendo Fraga en la edición online de La Nación, menos de dos horas después de haber muerto Néstor Kirchner. En ese instante donde el dolor, la tristeza, la incógnita nos sobrecogía a todos, Fraga salió con los tapones de punta a marcar la cancha del conglomerado opositor-destructivo. A partir de ahí, y con un paréntesis que duró hasta el viernes, cuando Néstor fue sepultado en su Río Gallegos natal, todos los límites que se pudieran haber imaginado terminaron de vulnerarse, pero esta vez para siempre.

Desde entonces, sentí durante todos estos días una necesidad enorme de escribir, de volcar mis sensaciones, terciadas por las dudas y también algunas pocas certezas. Pero es tanto y tan bueno lo que pude leer y escuchar en diferentes blogs y medios alternativos, que me dije ¿qué voy a escribir, qué puedo escribir? ¿Cuánto puedo aportar desde mi mirada para afrontar este momento? Porque si lo que escribo no aporta al conjunto para contribuir a una mirada más abarcadora, entonces no tiene mayor sentido hacerlo.

Vuelvo al principio, entonces. Después de la extraordinaria manifestación popular en Plaza de Mayo para despedir al ex presidente, la claridad de la que hablaba es tan cegadora, tan consistente, tan inocultable, que el escenario que se plantea de ahora en más incorpora a un actor que hasta entonces estuvo invisibilizado. Por los medios hegemónicos primero, que fieles a su propia historia, aborrecieron desde sus páginas y ondas de todo lo que huela apenas a movilización popular. Pero, además, por la propia inercia de la temporalidad de los hechos. Ninguno, absolutamente ninguno de los millones que se movilizaron física y emocionalmente a lo largo de todo el país, salió de debajo de una baldosa. No surgieron de manera espontánea como los hongos después de la lluvia. Estuvieron siempre. Más o menos convencidos, más o menos comprometidos, más o menos agradecidos. Con sus convicciones guardadas o a flor de piel. No importa cómo, siempre estuvieron. Solo que en esta ocasión tuvieron un motivo contundente que los impulsó a salir a las calles, las plazas, las avenidas, para dar testimonio de su gratitud a quien les devolvió algo, poco o mucho, de lo que le habían quitado. Y sobre todo, a encontrarse con ellos mismos, a ubicarse en un lugar mucho más visible y consustanciado de la escena política. Ya lo saben, ya tienen claro que no son convidados de piedra. Se asumieron de manera irreversible como actores fundamentales del proceso que se abre de ahora en más y que de ningún modo supone modificaciones en el rumbo elegido ni en el proyecto de país en marcha. Y saben que sin ellos el tránsito por el camino que lleve a diciembre de 2011 será mucho más difícil. (Escribo esto mientras veo y escucho a Cristina en Córdoba, en su primer acto tras la muerte de Néstor y su entereza y solidez me ratifica una vez más en mis convicciones. Ahora también, en Córdoba, son miles y miles los que fueron al acto para respaldar y decirle a la presidenta, nuestra presidenta, que no está sola, que ellos la acompañan, que sin ellos todo será diferente, que puede contar con ellos. Igual que hace casi una semana)

Creo entonces que el mejor argumento para combatir el discurso destructivo de la oposición que todo lo corroe, pudre y envilece, es la fotografía que congela para la memoria a los millones que colmaron las calles en la despedida a Néstor.
Que también fue, que no quepan dudas, un claro acto de respaldo a Cristina. En ambos casos, significa también un apoyo abrumador al modelo de país iniciado en mayo de 2003. Un acto bifronte que englobó el dolor de la despedida y la fortaleza de la presencia activa que supone decir con todas las ganas ¡aquí estamos! No hace falta otra cosa para discutir y combatir a quienes a todo se oponen y todo les molesta. A quienes no vacilaron en hacer jirones el cuerpo aun tibio de Néstor preparándose para hacer lo mismo con Cristina y su gobierno. A quienes piensan, con una inmensa ignorancia, que el tiempo del kirchnerismo acabó definitivamente. A quienes están agazapados pero visibles, esperando para dar un zarpazo sobre las conquistas obtenidas.

Esa fotografía deja además al descubierto la magnitud de la mentira y el ocultamiento de los grandes medios. La sucesión de imágenes que se vieron por la tele, de manera ininterrumpida, durante estos últimos 5 días, que repasó los hitos del gobierno de Néstor y la despedida que le tributó el pueblo en las calles, ha calado de manera profunda, no tengo dudas, en el subconsciente de millones que por estas horas han advertido de golpe, abruptamente, que el país real se da de bruces con el país que inventaron durante los últimos 3 años los medios hegemónicos. Y esta es la razón por la cual sostengo que ahora todo está definitivamente más claro que hasta el 26 de octubre. El 27, con la muerte del flaco, el país real, el ocultado e ignorado por esos medios, descorrió el velo de la mentira y la mendacidad. Cuando el pueblo habla en las calles tiene sentencias lapidarias y sin posibilidad de apelaciones. Pasó hace casi 10 años con la caída del modelo neoliberal con su cuota de muertos y excluidos. Y ocurre ahora, con una sentencia absoluta: no hay posibilidad alguna de modificar el rumbo. Deberá ser este un elemento que los buitres políticos y mediáticos deberán tomar seriamente en cuenta si no quieren que el país vuelva a ser la tumba de los sueños e ilusiones de millones de argentinos.

Marcelo Bartolomé
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martes, 11 de mayo de 2010

UNA CARTA LLAMATIVA

¿Qué es lo que valora o analiza un editor en jefe a la hora de publicar un material periodístico en un medio? Una pregunta de manual para quienes estamos en el ejercicio de esta profesión desde hace tantos años (más de 30 en mi caso). También el manual brinda una respuesta concreta para esa pregunta. Pero lo cierto es que las evaluaciones no se hacen todas con una misma vara. Por esa razón vemos hoy la manipulación en límites nunca antes imaginados con la información que a diario consumimos a traves de los medios gráficos, radioeléctricos y en la red.

Perfil.com publica hoy en su portada, en un stio poco relevante, una carta que el ex director de Radio Mitre, Jorge Santos, le envió al CEO del grupo Clarín, Héctor Magnetto. El título con el que se presenta la información dice “Un ex Clarín le pidió a Magnetto que ponga límites morales a Tinelli”. Cuando haces click en ese título, en la bajada podes leer que, según Perfil, en su carta Santos compara a Magnetto con Kirchner.

Y como siempre ocurre en situaciones como esta, cuando comenzas a leer el contenido de la carta te encontrás con varias sorpresas. La primera es que el pedido de límites morales para Tinelli aparece recién al final. Que la presunta comparación con Kirchner es absolutamente subjetiva. Y la mayor….bueno, la mayor mejor encontrala vos leyendo la carta. (Para leer la nota click ACA ).

Resulta llamativo, no obstante, que se haya publicado el texto completo de la carta. Sobre todo porque el titulo con que se la presenta constituye un recorte exagerado de su contenido ya que ni siquiera alude a la porción más importante de los dichos de Santos. Y además porque, al fin de cuentas, hasta podría decirse que los reclamos que formula en la parte más inportante de la carta bien podrían ser dirigidos al propio Fontevecchia, director general de la editorial Perfil. Leela y espero tus comentarios.

PD: ¿Hace falta señalar que Clarin.com no da acuse de recibo de la carta?

lunes, 26 de abril de 2010

ERNESTINA, LA ENTREGADORA

Un diario, cuya dueña está fuertemente sospechada de apoderarse indebidamente de dos chicos (hoy maduros) presuntamente víctimas del terrorismo de estado no cuenta con la debida credibilidad para instalar temas lanzados, apuntados contra el estado y su gobierno al que acusa de librar una batalla particular en su contra.

Ver las tapas de las ediciones del último año y medio del diario es la mejor prueba, irrefutable por cierto, de que lo que se pretende es, a como de lugar y cada vez con menor (hoy casi sin ningún) respeto por las más elementales reglas que debieran conducir el ejercicio del periodismo, impedir que se desmorone el imperio que fueron construyendo a lo largo de los últimos 35 años.

Hoy es el gobierno actual, pero hagamos memoria, repasemos los archivos y veremos que los embates han sido siempre los mismos, quizás más sutiles, menos desembozados, pero con igual intención: conservar su poder y su hegemonía. No es entonces una pelea contra el kirchnerismo personalizado en un ex presidente y una presidenta, sino contra un proyecto que como ninguno cuestiona su poder a fondo.

En ocasiones anteriores, logró contener, evitar, presionar a los sectores que de manera muy débil, sin convicciones, pretendieron hacer lo mismo. Incluso descargó toda su artillería cuando vislumbraba que ese poder, su poder, podía ser puesto en tela de juicio. O cuando los intereses a los que responde históricamente entraban en una incipiente zona de riesgo, aún cuando no se advirtiera un ataque frontal. Sus maniobras tuvieron éxito y si era necesario empujar gobiernos, justificar muertes, silenciar o promover delitos, distorsionar e incluso mentir, no había reparos. Se hacía y se convencía de que estaba bien hecho.

Hoy, este grupo monopólico, ultraconcentrado y diversificado como pocos, enfrenta una situación que no previó ni en el peor escenario proyectado. Ahora debe vérselas con un panorama en el que los tiempos se le acortan de manera acelerada. Sabe que más temprano que tarde todo el castillo se desmoronará sin contemplaciones. Ante ello, pone en práctica lo que cualquier persona hace cuando ve que el final es casi irreversible: da manotazos de ahogado a diestra y siniestra. Busca desesperadamente un golpe de efecto que le permita revertir, aunque sea en parte, el escenario adverso.

Y en esa práctica no titubea, no duda ni vacila en exponer a las propias víctimas de una situación de la que, en principio no son culpables: los hijos de Ernestina Herrera de Noble. Marcela y Felipe, a quienes se presenta de manera permanente como un preciado tesoro, son entregados como prenda de cambio y utilizados como herramienta innoble (permítaseme la verbigracia) en el campo de batalla donde la derrota es solo cuestión de tiempo.

La Noble Ernestina no solo busca desesperadamente evitar la caída estrepitosa de su imperio. Busca salvar su propio pellejo, su figura de carne y hueso, porque sabe que el resultado final no será gravoso para Marcela y Felipe sino para ella. Porque tras revelarse las identidades verdaderas de sus hijos adoptivos, deberá hacerse cargo ante la justicia de los delitos cometidos para quedarse con esas dos personas. Un panorama que le tiene reservado no menos de 10 años de cárcel. Y ante semejante alternativa no dudó ni un instante en exponer a sus hijos adoptivos en una solicitada que ellos simplemente firmaron (porque está clarísimo que ni la escribieron ni diseñaron) y, como frutilla del postre, ante las cámaras de Canal 13 y TN, en una manifestación de presión descalificadora y que desvirtúa por completo cualquier atisbo de cariño hacia ellos. La Noble Herrera juega con sus hijos como en una ruleta rusa, pensando que puede obtener algún rédito que la libre de lo que el destino le tiene inexorablemente deparado.

Al exponerlos públicamente, Ernestina está pidiendo a un sector de la sociedad un acto de piedad no hacia ellos, víctimas absolutas de toda esta penosa situación, sino hacia su propia persona. “Mírenlos, ellos son capaces de humanizarme, de concederme la credibilidad de la que carezco, de incidir en el costado sensible que toda persona tiene, aun bajo 7 capas de piel, para que observe lo que me ocurre con un poco más de caridad. Para que les digan con sus voces y sus gestos lo que no me creen a mi. Se los entrego con la esperanza de salvarme, porque yo ya los he salvado a ellos”. La indignidad llevada hacia los extramuros de la condición humana.

Esta actitud de esa mujer y todo su emporio, cuenta con el respaldo explícito no solo de su cuerpo de abogados y asesores sino de los empleados a sueldos (exorbitantes por otra parte) que le hacen el coro día tras día en los medios de su propiedad. En principio son todos y cada uno de los personajes que aparecen con foto incluída en el famoso afiche de la discordia y que se autodenominan periodistas independientes, a los que habría que agregar otra cantidad no menor de anónimos que seguramente colaboran de manera decidida en esta batalla con tal de salvar un empleo y un salario. Todos ellos saben que cuando sobrevenga la caída, también sufrirán las consecuencias inapelables. No habrá lugar para las elaboraciones discursivas en las páginas de sus publicaciones, en las pantallas de sus canales ni a través de sus radios. El crédito se habrá acabado junto con ellos. Hoy mismo, con la caída de las ventas y los niveles de audiencia, están gastando a cuenta lo poco que queda de ese cheque en blanco del que dispusieron durante tantas décadas.

Con Ernestina presa nada será igual. El emporio se salva únicamente con la impunidad que otorga el poder. Ellos lo saben. Pero lo que no saben es cómo recomponerse el día después. Tampoco saben que ese día marcará el final inapelable que impide cualquier tipo de reacomodamiento. El poder que les dio impunidad los hizo sentirse semidioses, a salvo de cualquier penuria terrenal. A Icaro le pasó exactamente lo mismo, y no hubo Dios del Olimpo que lo salvara. A ellos tampoco.

Marcelo Bartolomé

martes, 6 de abril de 2010

CRISTINA Y LAS COMPUTADORAS

Las noticias se categorizan no solo por su ubicación (en el papel, en la web o el aire) sino además por el título con el cual se las presenta. Un título puede reflejar opinión y, en consecuencia, jerarquía para la información o simplemente aludir de manera aséptica al hecho noticioso en si. Como fuere, cada medio elije la forma que le parece más conveniente para titular las informaciones.

Una consecuencia de la manera de titular las noticias es su invisibilización. Depende lo que se destaque de ella en el encabezado, la noticia tendrá mayor o menor trascendencia. Además, se puede ocultar el núcleo central de la información mediante un título que corra el eje de discusión para detenerse en algún aspecto que poco o nada tiene que ver con el propio hecho noticioso.

El fenómeno de los portales informativos en la web es muy interesante para el análisis, porque permite a los editores bajar línea de manera directa, al jerarquizar a las noticias no por su contenido central sino por la manera en que son distribuidas y por los títulos con que se las encabeza. Millones de personas miran durante el día los portales de noticias “para ver qué está pasando”, con la sana intención de informarse sobre los últimos hechos del día. Un bajo porcentaje de lectores on line pincha en la información para leerla por completo. La gran mayoría (podríamos decir que 8 de cada 10) solo hace un paneo por los títulos que se publican en el portal y la bajada con el resumen de la noticia. Y con eso se quedan satisfechos. Tras la lectura superficial de los portales, la gente se quedará solo con lo que los editores de esos sitios quieren que la gente se quede. En consecuencia, el objetivo que se persigue con esa técnica informativa, está cumplido: instalar en sus lectores el sentido de importancia o jerarquía de las noticias, no por lo que contienen sino por su ubicación y su presentación. Al mismo tiempo, preconfiguran o anticipan lo que será la portada de los diarios al día siguiente.

Un ejemplo contundente de esto que aquí desgrano, lo tenemos con la manera en que los portales on line trataron el importante anuncio de la presidenta Cristina Fernández, acerca de la entrega de computadoras portátiles a casi 3 millones de alumnos de escuelas secundarias públicas de todo el país.

La mayoría eligió para titular, una frase de la presidenta, que no avanza de manera directa sobre el eje de la noticia sino sobre un concepto subjetivo (“me siento como la Sarmiento del Bicentenario”), dichos que seguramente serán motivo de largas andanadas de críticas y condenas y hasta chistes de pésimo mal gusto. Me anticipo a los hechos, es verdad, pero juro que si me equivoco haré el mea culpa. Otros, muy pocos, tomaron conceptos más centrales del significado del anuncio.

En el caso particular de Clarin.com, podrán observar que debajo del título, se “colgaron” dos artículos del diario publicados en enero de 2008 y agosto de 2009 sobre el mismo tema, con los que pretenden poner en duda la concreción del proyecto. Para ello toman como antecedente un plan similar que en su momento había sido anunciado por el estadounidense Nicholas Negroponte, denominado “Una computadora por niño”, el cual había sido aceptado por el gobierno argentino pero que finalmente quedo en la nada por diferentes cuestiones. Al adosar esas dos notas al cuerpo central de la noticia, Clarin pretende vincular ambos temas cuando sus orígenes y objetivos son diferentes por múltiples causas.

Esta es una muestra más del cotidiano y permanente manejo informativo que los medios realizan con la información relacionada con la gestión de gobierno. Nadie les quita el derecho a darle a una información el orden de mérito que consideren pertinente. Pero cuando eso además está acompañado del corrimiento deliberado del eje de la cuestión central para enfocar el desarrollo de la noticia en aspectos más formales que de fondo, también es una manera de manipular la noticia.

Marcelo Bartolome