viernes, 16 de enero de 2009

LOS HIPOCRITAS DE SIEMPRE NO DESCANSAN

La noticia acerca del supuesto levantamiento del programa de Nelson Castro que desde hace 4 años sale al aire por Radio del Plata ha provocado un revuelo de proporciones. Como suele ocurrir cuando medidas de este tipo afectan a los representantes del poder económico y político, se alzan las voces de siempre para salir en defensa de la libre expresión y denunciar presuntos actos de censura, en este caso atribuidos al gobierno.

Esas voces críticas, que hacen gala de una defensa irrestricta de la libertad de prensa cuando se trata de cerrar filas en torno de la defensa de sus intereses personales, suelen hacer un llamativo silencio cuando situaciones similares afectan a otros periodistas que no están dentro de su “círculo áulico”. Y berrean a traves de los micrófonos o destilan gritos tribales de venganza mediante el papel impreso afirmando que el gobierno de turno “cercena los espacios para libre expresión y afecta la credibilidad del periodismo”. Incluso se ha llegado a decir, a prpósito de lo de Nelson Castro (que por el momento no ha sido confirmado) que el gobierno cada vez deja menos espacios para la opinión crítica hacia su gestión. Veamos si esto es cierto.

En el mundo de las radios, con la excepción de Radio Nacional y AM 530 La Voz de las Madres, el resto de las emisoras esta en manos de opositores a la gestión del gobierno. Desde Radio Colonia, radio que si bien es “uruguaya” tiene una profunda inserción en la audiencia local, pasando por Radio Continental, Radio Rivadavia, Radio 10, Radio Mitre, Radio La Red, Radio Splendid, Radio Belgrano y Radio El Mundo, todas emisoras de AM y de alcance geográfico importante, tienen contenidos periodísticos críticos hacia la gestión de gobierno. Haciendo un paneo por esas emisoras, uno puede escuchar de manera reiterada una línea editorial de clara tendencia opositora. Columnistas fijos como Elisa Carrio, Ricardo López Murphy, Domingo Cavallo, Carlos Menem (estos dos últimos de salida al aire permanente en la programación de Radio Colonia) dirigentes variopintos de la oposición encarnada (y encarnizada para abundar en calificativos) en la Coalición Cívica, el PRO, el radicalismo no kirchnerista, economistas y analistas políticos vinculados con el mayor multimedio del país y del diario La Nación, ventilan sus opiniones en torno de lo que hace o deja de hacer el gobierno con una clara intención de socavar y cuestionar el modelo.

Por el lado de la prensa gráfica, Clarín, La Nación, Crítica del la Argentina, Ámbito Financiero, El Cronista tienen una clara postura antigubernamental que se traduce en tapas, títulos y artículos muchas veces amañados y tendenciosos, con columnistas de los que mejor no extenderse en comentarios. Y en la televisión, con la excepción de Canal 7 y Canal Encuentro, el resto de la señales de aire y de cable tiene, cual más cual menos, discursos opositores y manejo de imágenes tendencioso y manipulador.

¿Que queda para el lado oficialista? Además de las emisoras de tevé mencionadas, al mundo radiofónico habría que sumarle Radio del Plata que, efectivamente, ha sido comprada por un grupo afín al gobierno (lo que no constituye ningun pecado) y alguna otra emisora de menor cuantía o baja potencia que no puede competir demasiado con los demás monstruos multimediáticos. A esta lista hay que sumar a Pagina 12, Miradas al Sur, El Argentino y alguna otra publicación más como los medios gráficos que respaldan en mayor o menor medida al gobierno.

De modo que, sin incluir aquí un repaso por el panorama de los medios en el interior del país, nos encontramos con que el 80 por ciento de los medios de comunicación manejados desde Buenos Aires con alcance nacional está en manos de la oposición en sus distintas variantes. ¿Cómo es posible entonces que se hable con tanta liviandad de cercenamiento de espacios por parte de quienes los detentan, muchas veces con el aporte económico de la publicidad oficial? Y si no se cree esta afirmación, los invito a repasar las páginas de esos diarios citados o los programas de radio de mayor audiencia y comprueben la cantidad de publicidad oficial que reciben.

Si levantan el programa de Nelson Castro, sobre cuya profesionalidad y actuación no abro juicio, no se tratará de otro episodio muy diferente de los que se suele vivir en esos grandes medios cuando sus periodistas no comparten la línea editorial que profesan. Cuando ello ocurre, ninguno de quienes hoy forman parte del vocinglerío por la libertad de prensa abre la boca para decir absolutamente nada. Todos ellos saben muy bien que los dueños de los medios son los que marcan la línea editorial. Si los nuevos propietarios de Radio del Plata modifican la línea editorial de la radio, Nelson Castro tiene dos opciones: aceptarla y adecuar sus opiniones o abandonar el medio y buscar otro donde su ideología cuadre mejor. Esperar a que lo echen opinando en contra de lo que la propia emisora dispone, es plantear un juego perverso para luego quedar como víctima del sistema que a ellos mismos los ampara, pero al que no dudan en cuestionar cuando les conviene.